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La mecedora doble: Descubriendo en casa

mecedora doble

Cuando llegó la mecedora-balancín doble de Wiwiurka a casa, pensé que mi hija iba a tardar mucho en acostumbrarse a ella y quererla usar, pero bastó muy poco tiempo para que le encontrara todos los usos del mundo.

Es importante decir que Titina siempre fue una niña cautelosa, la típica que necesitaba la mano de su papá para subirse a los juegos de los parques, o la que se animaba a seguir las instrucciones de las clases de estimulación temprana hasta el último, sobre todo las que involucraban trepar, escalar y correr. Por eso, en parte, tenía la sensación de que quizá se tomaría su tiempo para relacionarse con la mecedora. No podría haber estado más equivocada, y me alegra.


El armado fue sencillo, y nos sorprendió mucho lo versátil del diseño. No hay lugar de la casa en donde no se vea bonita y elegante. A veces hasta me parece que tiene la capacidad de embellecer el espacio.

Descubriendo la mecedora doble

La pusimos en la habitación de juegos de Titina, el lugar donde se siente más libre y segura. El clic entre niña y juguete fue inmediato.
Primero el reconocimiento fue visual y sensorial. Para ella fue toda una odisea recorrer la madera con las manos, reconocer los colores, encontrarse con una superficie lisa y suave al tacto. Eso le dio confianza, no para subirse ella –todavía- pero sí para subir a toda su legión de amigos de peluche, para que fueran ellos quienes reconocieran el espacio primero. Descubrió que podía mecerlos y supongo que concluyó que se divertían, así que
decidió probar ella misma.

Fiel a su costumbre, extendió la mano para que su papá la ayudara a subir. Tambaleante, descubrió el movimiento del vaivén y luego de soltar a su papá y sentarse por fin, de pronto ya estaba navegando en un barco mientras cantaba “La marinera fue al mar marmar, para ver qué podía ver ver ver…” Ese fue, quizá, mi momento favorito.

Digo quizá porque desde entonces ha habido muchos, pero siempre es sorprendente cuando los juguetes tienen la capacidad de ayudar a los niños a crear relaciones, hacerlos enlazar conceptos, cuando los empujan a imaginar mundos nuevos que les permiten escapar de las paredes de la habitación. El vaivén convirtió a la mecedora en mar, en barco y en olas. Y ese fue solo el principio.

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Los cambios en casa

A casi dos semanas de la llegada de Wiwiurka a casa, la mecedora ha pasado ya por muchas cosas: de ser barco a ser casa, a ser puente, a ser una cama para hojear sus libros favoritos e inventar historias, a ser refugio. A veces sigue siendo el transporte número uno de sus peluches favoritos. A veces, también, es una montaña que debe ser rodeada. Hay ocasiones en las que la descubro solo acariciando la madera, observando los colores con atención.

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El cambio más significativo y notorio, sin embargo, ha sido que ya no necesita a su papá para subir y bajar de la mecedora, lo tiene dominado. Sale y entra como quiere, con confianza y sin miedo. Para mí, ha sido una transición emocionante, en especial porque sentía que la pandemia nos había limitado en términos de exploración y desarrollo
psicomotriz, nos había quitado el gimnasio infantil, la interacción en los parques, los juegos públicos. Como mamá, seguro entiendes que estas pequeñas cosas, estos pequeños cambios, valen oro. Wiwiurka permitió que Titina avanzara en su confianza y sus habilidades motoras gruesas en cuestión de días.

Y aquí viene la confesión: yo también la he usado. Primero fue solo para probar la resistencia, pero después fue por gusto, para sentir el balanceo y mostrarle a mi hija que yo tampoco tengo miedo, que también me atrevo.
Ha sido un regalo para mí en más de un aspecto. Pero la mejor parte ha sido verla sonreír mientras descubre una sensación, o un uso nuevo, la risa y la curiosidad son invaluables. Y también ha sido toda una revelación verla manejarse segura alrededor y encima de ella.

Tan segura como nunca antes.

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